03 enero 2008

¿A que se enfrentan los jóvenes de hoy? (I)

¿A la falta de una verdadera educación democrática?

"Todos los adultos
fueron niños alguna vez,
pero pocos lo
recuerdan".

El Principito

La idea de este post surge de la combinación de numerosos posts sobre educación y juventud, dentro y fuera del entorno de este blog, (Pensando en Kaizen, o Corporaciones Multinacionales), de un artículo de Arturo Perez Reverte titulado "Permitidme tutearos, imbéciles" , que abre con esta parrafada: "Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda", y de otro artículo del New York Times de mayo de 1917 que leí hace ya tiempo y del que traigo la esencia.. Entre ellos hay pues 90 años de distancia durante los cuales se ha estado culpando a la juventud por sus ineptitudes y defectos, sin aceptar las responsabilidades relevantes cometidas por los adultos que, individual y colectivamente, han repetido los mismos esquemas durante generaciones.

LO QUE LA DEMOCRACIA NECESITA ES UNA JUVENTUD DISCIPLINADA
Un entorno donde la responsabilidad armonice con la libertad, no un simple paraíso infantil donde no existe el sentido de la obligación

La única guia de que disponemos para la educación democrática es el sentimiento intenso de la masa de población. La democracia está continuamente enfrentada a esa difícil situación en la que el individuo se enfrenta solo, bajo el consejo de su propio espíritu, a la hora de tomar decisiones importantes para las que no hay excusas y de las que tendrá que aceptar toda la responsabilidad.En el espíritu democrático el peligro no es ser demasiado estricto, rígido, conservador o intelectual sino el peligro de ser demasiado relajado, blando emocional o inconstante, inestable o errático.

El fallo de la democracia se ve en toda su magnitud en la actitud de los adultos hacia los jóvenes que viven en un paraíso a expensas de sus mayores. Los padres piensan continuamente en sus deberes hacia sus hijos pero raramente reflexionan sobre los deberes de los hijos hacia ellos. Trabajan sin descanso en beneficio de sus hijos, felices al pensar no en su respeto y su amor, sino en sus éxitos como única compensación y cuando observan los resultados negativos en lugar de aceptar su error dicen "cria cuervos..."

Los padres pagan sus impuestos y los políticos se encargan de que los niños tengan acceso gratis a una educación, a una sanidad y a un entorno. Pero ¿que se les exige a cambio? ¿Sentido de la responsabilidad? ¿Gratitud? ¿Servicios compensatorios sociales o militares? No. El Estado no pide nada a cambio. Todo lo más sus expectativas se reducen al deseo de que las estadísticas no sean demasiado alarmantes (como ha ocurrido con las del Informe PISA).

La educación es un derecho, pero no obliga a nada más que a la asistencia a clase. Y mientras el Estado se congratula de lo que le ofrece a los niños y a los jóvenes ignora un peligro fundamental: el de no asumir la responsabilidad de haberlos entrenado en el lujo de esperar que se respeten sus derechos sin exigir, democráticamente, un retorno de la inversión en forma de deberes. Estamos tan orgullosos de haber abolido el trabajo infantil que casi hemos olvidado que la primera obligación de la escuela es enseñar a trabajar y a cumplir objetivos y que de no hacerlo habrá una derogación de los privilegios.

Una democracia que no reclama sus derechos no puede considerarse una democracia y sus ciudadanos no estan siendo educados en ella. Para evitarlo hay que reclamar esos derechos en forma de disciplina y de límites que no destruyan la energía de sus jóvenes ni su iniciativa sino que los guie con luz propia en las siguientes etapas de la vida. Para ello se necesita una plantilla educadora con la suficiente fuerza para construir en la juventud una unión entre el poder de la imaginación, de la visión espiritual, de la empatía y de la simpatía, de la energía combinada con el sentido común, la proporción, la decisión y el autocontrol. Estas facultades pueden estar combinadas pero eso no es suficiente, tienen que trabajar al unísono para conseguir la libertad máxima: ser dueño de uno mismo y no depender del control de otros.


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6 comentarios:

neurotransmisores dijo...

Todos dependemos de "todos".

Café con Leche dijo...

Hola María;
He leido con anterioridad el artículo de Perez Reverte y aunque coincido en muchos de los puntos de tu argumentación he de decirte que, yo ya no soy tan joven aun cuando se me considere como tal en el entorno laboral, una de las cosas que hecho a faltar por parte de mis superiores y mucha de la gente con la que me he encontrado, es la falta de responsabilidad. ¿Cómo vamos a aprender si no es con el ejemplo? Para poder ser responsable hay que haber crecido y haberse desarrollado en un entorno en el que ese valor se vea potenciado y no sólo en la familia. Hay vida más allá de ella y lo que somos como individuos se forma también en otros entornos. Lo que sí que yo achacaría, más que falta de responsabilidad, a los jovenes, es falta de esfuerzo y perseverancia.

Un saludo.FyH.

Maria dijo...

Pienso como tu NT. Una de mis frases favoritas, que ya he "soltado" aqui alguna vez es la de Dostoievski "Todos somos responsables de todo el mundo".

Hola Café con Leche. Bienvenid@ y gracias por tu comentario. Comparto tu inquietud y como tu pienso que no se están transmitiendo los valores necesarios para vivir en armonía, pero creo que este es un asunto que se repite con cada generación, que no es de hoy, y que todas las generaciones anteriores se han quejado de lo mismo. Parece ser la pescadilla que se muerde la cola. ¿Como salir de este círculo vicioso?

remigio dijo...

Estoy de acuerdo con Cafe con Leche, el estar arriba permite hacer crítica a los demás e intimidar a aquellos que hacen crítica para que no la hagan...consecuencia... los unos pueden acabar creyéndose perfectos... cuando en realidad son eso... irresponsables.
Respecto a los jóvenes creo que tienen una categoría moral superior a la nuestra y sí, les falta sentido del esfuerzo entendiendo por este, el ser capaces de plegarse a los dictados de los demás, el ser alienados en definitiva.

Anónimo dijo...

El todo vale de la sociedad de libre mercado moldea a unos jóvenes que presentan las siguientes caracteristicas:

1. Valores: La sociedad no premia el esfuerzo
2. Ocio: No tienen lugares deportivos donde reunirse.
3. Cultura: Medios de comunicación con un nivel cultural de barriada. Radiotelevisión "todovale" con intelecto 0.

Maria dijo...

Hola Remigio, gracias por tu comentario. Buscar y encontrar el fallo ajeno me parece un pasatiempo para evitar ver los propios, si.
Ser capaces de plegarse a los dictados de los demás cuando es necesario creo que depende de haber reconocido donde estan los límites y ver la realidad tal como se presenta. Creo que los jóvenes necesitan tiempo y aprendizaje para llegar a ese punto y muchos no tan jóvenes no han llegado a el. Algunos, incluso, no llegan nunca. Un saludo, espero verte de nuevo por aqui.



Anónimo: Tu mensaje me parece certero y más en particular cuando los jóvenes no viven en un entorno equilibrado. Muchas gracias por participar aqui, un saludo.