09 enero 2009

Y tras las comilonas la dieta del mono...

Todos los eneros de todos los años, pensando en adelgazar, nos tiramos como primates a las hojas de lechuga, las verduras y las frutas, pero sin demasiado éxito, pues las carnes, las grasas y los dulces estan "escritos" en nuestro cerebro desde hace millones de años. La abundancia, la cultura y la gastronomía se han encargado del resto.

No sé si a alguien le servirá de consuelo el conocer los "comos" y los "por qués" de que nos guste todo lo que engorda, pero J.E. Campillo piensa que si y su libro "El Mono Obeso" se vende como rosquillas (nunca mejor dicho). Quizás los niños nos agradezcan la comprensión cuando les pongamos delante un plato de acelgas o de repollo o les racionemos los dulces.

Resulta que hace entre 15 y 6 millones de años, nuestros antepasados primates tenían a mano todo tipo de frutas, verduras y otros vegetales muy poco energéticos pero muy abundantes. Ellos preferian los frutos maduros, porque eran más dulces y tenían mejor sabor, así que se pasaban buena parte del día comiendo.

Pasaron los años, por millones porque la evolución es más bien lentorra, y amaneció otra etapa (hace unos 5 millones de años), cuando la selva tropical en la que vivían se fue convirtiendo poco a poco en una sabana en la cual no abundaban ya las mismas viandas y nuestros primates tuvieron que adaptarse , poco a poco a pasar hambre y a comer lo que hubiera, raíces, en este caso que son menos nutritivas y más difíciles de masticar, por lo que tambien les fué cambiando la dentadura y se les fué encogiendo el estómago, algo que tal vez los humanos debiéramos de agradecerle a la evolución pues hemos heredado un pequeño estómago en lugar de aquel enorme que tenían los primates.

Ante esta situación la evolución, aun conservando su derecho a la pataleta, se decantó como siempre por la adaptación. La clave consistió en habituarse a comer cuando fuera posible. Así poco a poco pasaron otros tres millones de años durante los cuales los monitos tuvieron que recurrir a la carne que les permitía aguantar más tiempo sin comer y de paso tambien, dedicar parte de toda esa energía que proporciona a aumentar el tamaño de su cerebro, cosa que tambien debemos agradecerles pues es lo que hemos heredado.

Pero ¡ay! adquirieron el gusto por las grasas que ésta contiene y además no perdieron el recuerdo del sabor de lo dulce, que había quedado impreso en los centros de placer de su cerebro que forma parte tambien de la herencia humana.
Y claro, así nos va.

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13 comentarios:

Goathemala dijo...

Está contado de una manera encantadora. Dicen, eso, que la evolución humana se disparó cuando se comenzó a comer carne ya que esas proteínas creaban el tiempo libre necesario, satisfecha la necesidad más básica, para hacer otras cosas.

Al menos, de momento controlo mi peso. Eso sí, como todos las navidades me dejan algún kilito de más.

Saludos.

Cristina dijo...

No dice nada el libro de las Matutano que me estoy comiendo?

Yoriento dijo...

Grasas y dulces, uhm. Me quedo con lo segundo. Siempre he sido un primate melosón ;-)

María dijo...

Gracias por este post, después de estos días viene bien conocer todo esto de manera tan preciosa como tú lo cuentas.

Ahora a proponernos adelgazar, que aunque es fácil decirlo, lo difícil es llevarlo a cabo, lo peor de todo es que no se cuándo empezar, me lo propuse para el comienzo del año, después para después de las fiestas, y ahora ya lo dejo para el Lunes jajaja.

Un besazo tocayina.

PD.- ¿Estas bien?

Luna dijo...

¡Maravilloso! simplemente maravilloso. O sea, que no tengo una culpa total y absoluta de que la cintura ahora la tenga hacia afuera?

Además de las hormonas, también estamos sujetos a las leyes de la evolución de la especie....

Es un alivio!!! no soy tan mala!!!
Me ha gustado mucho, volveré.

Un abrazo,

J. Marcos B. dijo...

Interesante como todo lo que he visto en este blog desde que te conozco.Personalmente no engordo, pero cuido mucho lo que me llevo a la boca, un poco de todo y de todo un poco...

Un abrazo.

Marcos

ainhoa dijo...

Pues evolucionemos disfrutando de la comida! todo alimento en su justo equilibrio es bueno jajaja
Me ha encantado eres unica.
Un fuerte abrazo.

Genín dijo...

No tenemos remedio.
En cuanto llegue a mi ranchito no tendré mas remedio que volver a caminar mi hora, comer comidita que no me gusta tanto, peroes sana y bajaré (Espero) los kilos que tengo demás...
¡Que se le va a hacer! Siempre sufriendo or una cosa u otra...Que asquito...
Besos y salud

KAMELUCHA--MELA dijo...

jjajaaa,,has dao en el claro,,
ahorita como me pongo xo los pantalones,,,no de tallita no puedo cambiar,,porque seria renovar el ropero,,na de eso,,,a hacer ejercicio,,pero claro con este frio,,,a quien le provoca salir a caminar,,????
o sea,,,que no se si esperar a las orejillas de carnaval y las filloas que junto con el cocido con tan tipicos...jooo
porque siempre hablamos de comia,,,jajajjaja,,,,
que rico,,,que rico que es comer,,,
uno de los placeres,,,de la vida,,,,diooosss..
besiños grandes,,,,y con muchisimo cariño

Patricia dijo...

Lindo post, me gusto como lo relataste...habia escuchado algo de eso, al parecer estamos condenados por la genetica ja ja ja :D
Lo que me molesta un poco es la ingenieria genetica que le aplican a los pobres animales para satisfacer la demanda que crece monstruosamente! (me imagino aun mas por estas fiestas)...
pero bueno como bien dices asi nos va...
Ahora a perder los kilitos ganados je je me recordaste que tengo que regresar al gimnacio :(
un beso,

Ernesto dijo...

Pos yo creo que para la próxima evolución, nos nutriremos con cápsulas y que tendremos la cabeza mas gorda.

Maria dijo...

Amigos:
Goathemala
Cristina
Yoriento,
Tocaya María
Luna,
J. Marcos
Ainhoa
Gelin
Kamelucha
Patricia
y Ernesto
¡muchísimas gracias a todos por vuestra visita y vuestro comentario!

Toupeiro dijo...

¿Que comeremos dentro de 3.000.000 de años? puafff. No quiero ni pensarlo. Menos mal que no estaremos aquí para probarlo.