27 septiembre 2009

Solo puedo cambiarme a mí mismo

Una de las lecciones más difíciles que nos dá la vida es que sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos. Hay quien invierte un tiempo y un esfuerzo desproporcionados en intentar cambiar a otros. Pero ¿cuál es el propósito?

Se puede clamar contra la lluvia o ponerse histérico contra el frío o la nieve, pero poco se puede hacer al respecto aparte de protegerse con un atuendo más adecuado o un paraguas. ¿Qué nos hace pensar que con sólo unas pocas palabras bien escogidas se puede cambiar a un integrante de la naturaleza (humana en este caso) tan independiente y tan librepensador como nosotros mismos? Si uno lo piensa fríamente es fácil darse cuenta de que suena un tanto ridículo.

Y sin embargo...

Sin embargo cuando enfrentamos las reacciones de los demás hacia nosotros mismos no pensamos en nada de esto. Nos sentimos molestos o heridos en primer lugar y luego nos preguntamos cómo nos pudieron hacer o decir aquellas cosas horribles o como pudieron ser tan groseros y por qué hacen semejantes cosas ¿Es que no piensan lo mucho que me duele? repetimos de corrido.

Cuando se observa la acción desde fuera, sin involucrarse, esto es lo que se ve y se puede ver tambien cuáles son las emociones involucradas en el conflicto. Porque las emociones son una parte integrante de las habilidades de que disponemos para tomar decisiones. Reaccionamos y respondemos emocionalmente a las propias necesidades emocionales y no de manera racional y menos aún lógica, de modo que cuando alguien toca una de estas necesidades emocionales podemos responder de una manera insensata o incomprensible para quienes observan desde fuera.

Lo que se podría hacer, sugiere el Dr. Grohol, aunque solamente una vez, es pedir cortésmente que el otro detenga esa conducta que usted encuentra frustrante, molesta o perturbadora. Pero eso es todo, una sola vez, (o tal vez dos si quedara la duda de que la otra persona no oyó o no entendió bien la solicitud inicial). Hacerlo más veces incita al interlocutor a ignorar al otro porque repetir algo una y otra vez no a hará que la gente sea más consciente de sí misma, lo que sí puede hacer es que tomen consciencia de lo pesado que uno puede llegar a ser.

No hay varita mágica que cambie a los demás... Vale más tratar de cambiar el propio pensamiento automático.

Los psicólogos Ruiz Sánchez e Imbernon Gonzales sugieren que esto podría conseguirse apuntando en un diario, por ejemplo, el momento en que nos sorprendemos a nosotros mismos diciendo o pensando algo como, "me gustaría que dejara de hacer tal o cual cosa..." o "no puedo creer que él crea algo parecido ..." y pensamientos o palabras de ese estilo. El tomar esas notas mentales o escritas permite detener el pensamiento automático antes de dar el siguiente paso, que suele ser decirle algo a la otra persona. Y si esto ya ocurrió, es el momento de parar, entre otras cosas porque quizás no sepamos que el otro ya intenta detener ese tipo de comportamiento y escucharlo una y otra vez no va a conseguir que lo cambie más rápidamente.

La gente puede pasar semanas, meses e incluso años en psicoterapia para conseguir un cambio en sus pensamientos o en sus comportamientos porque hay cambios que necesitan comprenderse y prácticarse y esto requiere a veces bastante tiempo hasta poder implementarlo. Hay comportamientos que son importantes para los demás (y tambien para nosotros mismos) que no son fáciles de cambiar aunque se desee muy fervientemente. A veces son parte integrante de la personalidad o la forma de pensar y ver el mundo. No son solo una motita de polvo aislada que se quita pasando un plumero.

Más vale ahorrarse esa frustración ahora tratando de aprender a dejar a los demás ser como son en lugar de invertir tanta energía en cambiarles. Centrarse en cambiar los propios defectos es más productivo y tambien más rentable porque uno puede encontrarse viviendo una vida más pacífica y feliz.


Señor dame la sabiduría para aceptar las cosas que no puedo cambiar...
el valor para cambiar las que sí puedo...
y la sabiduría para reconocer la diferencia...





20 comentarios:

Juan Francisco dijo...

Muy interesante tu observación María. Es cierta la afirmación del vano esfuerzo de intentar cambiar a las personas con palabras. Hace miles de años que me dí cuenta de esto. Solo queda el ejemplo. “In signare”, aplicado a la enseñanza no significa otra cosa que mostrar. Aceptar que las cosas , las gentes , los nuestros, los otros en suma no son como quisiéramos nosotros, que si cambian determinadas actitudes solo será cuando comprendan, y aceptar que cuando algunos vayan a comprender, nosotros ya no estaremos para verlo, aceptar esto digo, y aceptar que debemos obrar con respecto a nuestra conciencia, procurando que nuestra propia conciencia no se anestesie, no se duerma, y que cuando íntimamente nos miremos a un espejo, a solas con nosotros mismos, nos podamos mirar a la cara…….aceptar esto nos liberara. Lastima de tiempo desperdiciado en ejercicios de autocompasión, de ira, de amarguras y disgustos que examinados en el tiempo verificamos la falta de importancia de aquello que nos hizo sufrir, y lastima del tiempo perdido sin ser feliz.
Hace muy poco he cumplido los 55 años, pues………¡¡todavía quiero cambiar el mundo!!, y ya ahora estoy convencido de lo que decías en tu artículo, por eso respeto a los que creo equivocados, pero…….no me desanima, veo el ejemplo de las grandes personas y ellas no han intentado convencer con palabras, lo han hecho con su ejemplo, por tanto intento añadir algo a tu magnifico análisis, no basta con observar, hay que actuar, ese actuar con nuestro ejemplo y conciencia, (no hablo aquí de grandes gestas, sino de algo tan a nuestra mano como la amabilidad, la sonrisa incluso en la adversidad, la responsabilidad en nuestros actos y obligaciones, nuestro respeto a los semejantes, a los adversarios, a los indefectiblemente tontos de capirote, que intentan con saña mortificar nuestros días, ….ese actuar es el que nos liberará de frustraciones. Saludos amiga y a seguir cambiando a la gente, que tu si lo haces y bien. Juan Francisco.

Genín dijo...

Además de frustrante, tratar de cambiar a una persona es absolutamente agotador, además de inutil.
Besos y salud

hugo dijo...

mas cuando esa persona ya ha vivido mucho...besos desde lejos.

Brujaroja dijo...

Lo que ocurre es que a veces creemos conocer tan bien a alguien con quien hemos compartido muchas cosas, que de pronto una conducta suya que nos hiere profundamente nos sorprende: si tanto me ha cuidado, si tanto ha despotricado de las personas que me hacían daño con ese mismo motivo, ¿cómo es posible que actúe de ese modo? Bien, pues puede que nos genere espanto, y dolor, pero siempre hay una razón suya, naturalmente, y averiguarlo puede ayudarnos a entender. En cualquier caso estoy de acuerdo contigo. Jamás se puede esperar que nuestra vida cambie porque los demás lo hagan. Ni siquiera que nuestra vida se mantenga igual si los demás "cambian" su forma de ver las cosas, sentir o querer. El único refugio, como siempre, está en uno mismo.
Qué bueno leerte.

Terox dijo...

A lo que puede aspirar uno es a generar la intención de cambio. Pero para eso, hay que COMUNICARSE efectivamente. Creo que ahí es donde más se falla. A veces puede ser DECIR las cosas, si la persona está receptiva. Pero hay que asegurarse que el mensaje llegó a su destino. Luego, puede ser que esa "petición de cambio" sea acogida o rechazada (en los hechos se conocerá!) y en cualquier caso, hay que estar preparado para afrontar las consecuencias...

Maria dijo...

JUAN FRANCISCO, es un deseo innato en el ser humano querer amoldarlo todo a nuestros gustos y supongo que igualmente innato es que el mundo se resista a ser cambiado. Un abrazo. Estoy tan contenta de haber podido reanudar el contacto.

Je je GENIN esto es como las lentejas, ya sabes, si quieres las comes y si no... Un abrazo

Siempre se puede probar TEROX. Con la colaboración del otro y la paciencia propia podría funcionar, pero eso sería materia para otro post. Que tengas un buen fin de semana.

BRUJITAROJA me gustó el ángulo desde el que miraste porque si tratáramos de comprender quizás la necesidad de cambiar al otro ni siquiera se plantearía. Como siempre es un placer leerte. Besos.

J. Marcos B. dijo...

Hola Maria!

Estuviste observando mucho ahí fuera! Mucho tiempo sin leerte...
Solo paso a saludarte y dejarte un abrazo y esta observación.

El cambio se produce no porque uno quiera cambiar, sino porque uno es consciente de lo que no funciona. Intentar cambiar a los demás es una perdida de tiempo. El cambio debe ser deseado e iniciado en uno mismo.

Hasta otra, feliz fin de semana.

alfredo vazquez dijo...

No podemos cambiar ni a nosotros ni a los demás. No somos un producto que hoy se coge y mañana se cambia. Podemos evolucionar, podemos modificar conductas, podemos involucionar, podemos mejorar o empeorar, podemos aprender, podemos....pero no cambiar.... bueno sí al morir quizas nuestros moléculas lleguen a formar parte de otra persona.
Usemos el lenguaje con propiedad, se usa mucho la palabra cambiar y creo que hay que anularla. Con mis hijos prefiero usar hemos de trabajar para mejorar tal cosa, hemos de aprender a controlar de tal manera...si le digo hijo, hijo tienes que cambiar, igual me responde: Papa lo único que puedo cambiar (si pudiera) es de padres.

Frabisa dijo...

Me parece muy interesante y reflexivo tu post.

Permíteme no estar de acuerdo totalmente, aunque en el fondo tenga una dosis importante de realidad.

Creo que tenemos mucho que decir con respecto al comportamiento de los demás cuando éste incide, lastima o hiere a nuestra propia persona.
En primer lugar somos responsables del comportamiento que los demás tienen para con nosotros mismos. Si éste nos produce daño, debemos de hacérselo saber y si persiste en el mismo, esa persona ni nos quiere ni nos conviene, así que un terapéutico saludo de despedida es lo más adecuado.
En el ámbito de la pareja que es donde las mujeres nos empeñamos más en cambiar al otro integrante es cuando el tema se pone más complicado.
Es verdad que cambiar a alguien resulta cuanto menos tarea imposible, PERO, estamos en nuestro derecho o deber practicar un diálogo tranquilo y firme que le haga comprender a esa persona que nos quiere y a la que queremos que determinadas actitudes nos daña. Si los sentimientos son fuertes, el comportamiento se modificará, se reeducará en beneficio de la relación. En el fondo es un acto egoísta, cedemos, nos adaptamos por no herir a la persona que queremos y FUNCIONA, te lo aseguro que sí.
En todos los casos que he planteado son básicos ingredientes como DIALOGO, INTELIGENCIA EMOCIONAL y VOLUNTAD.

un beso, María

Maria dijo...

Saludos Alfredo y gracias por tu visita. Si yo le dijera a mis hijos "hijo tienes que cambiar", conociendo su sentido del humor, seguro que me dirían: "Vale me cambio por Bill Gates (o por Mark Zuckerberg)"

Desde luego que se usa mucho la palabra cambiar y cambio. Es una palabra favorita que está en todas las campañas electorales y en una parte muy importante de las de publicidad y marketing. Y es que es lo que tiene la cosa, cuando algo no nos gusta lo primero que pensamos es en cambiarlo. Naturaleza humana crea lenguaje.

Maria dijo...

Saludos Frabisa y gracias por la visita.Me ha interesado mucho tu comentario. Precisamente estoy preparando un post relacionado con lo que escribes. Espero no tardar mucho en publicarlo. Un abrazo.

Bluebluesky dijo...

Pffff...como te entiendo. Ni siempre es facil cambiarnos a nosotros al inves de intentar cambiar a los otros...Y nos pone muchas cosas dentro con las que ni siempre sabemos lidiar..
Fabrisa ha puesto un comentario muy interesante tambien, creo q estoy de acuerdo con lo q ha dicho.
Muy buen blog, el tuyo :)
Saludos desde Portugal

Maria dijo...

Hola Bluesky, gracias por tu visita y por tu apoyo a este humilde blog.
Estoy de acuerdo contigo. Seguramente si intentáramos realmente en serio cambiar algo en nosotros mismos seríamos un poquito menos exigentes con los demás. Un abrazo.

silvia dijo...

Hola María:
Qué bien volver a leerte.
Muy interesante, y siempre actual, tu entrada.
Besos.

Cardenal Farenas dijo...

Primeramente y para empezar de primero y antes que nada, quisiera manifestarle mi felicidad por volver a estos bellos lugares que llevaba tiempo sin pisar. Verla de nuevo llena de felicidad mi tan vacía cajita de limosnas y además me permite tomarme un refrigerio necesario después de la peregrinación consabida.

Estoy de acuerdo con usted y con su escrito en toda su extensión. Nadie debe intentar cambiar a nadie. Yo lo sé por experiencia propia de mí. Le cuento...

Una vez, quise cambiar a un amigo porque no me parecía tan buen amigo como para permitirle seguir siendo como era. Resolví hacer acopio de toda mi capacidad de convicción, vendedor y "prometero" (aquel que hace promesas) para pintar un cuadro que le llamara la atención y emprendiera el cambio por las buenas, a lo que él se negaba firmemente.

Lo amenacé con la excomunión a lo que merespondió que era protestante. Yo protesté y le amenacé con circuncidarlo de pies a cabeza si no acataba, ya no mis solicitudes, sino mis órdenes. A lo que el volvió a protestar pero sin mucha gracia porque un protestante que proteste a mi no causa ninguna gracia.

El caso es que finalmente lo cambié!! Por 10 cajas de botellas de vino sin consagrar y los traficantes de vino iniciaron el nuevo negocio que hoy en día les permiten vivir con comodidad con el trato de blancos.

Creo que me equivoqué con mi acción de ese entonces, debí cambiarlo por 25 cajas de vino!!

Bendiciones sin cambio

ALyCie dijo...

Eso de cambiarse a uno mismo, me suena a Barón Münchhausen, que tirándose de lo pelos fue capaz de volar.
Cualquier cambio personal, está de una u otra forma condicionado por el-otro/a.
Ejemplo, yo ronco por las noches, yo, por mí mismo, no soy consciente de roncar, pero mi pareja, sin dudar, me ha propuesto que encuentre una solución. Ergo, el cambio, no es nunca de uno con uno mismo, sino con los demás; semos animales ± sociales.
¡Salud y buenos alimentos!

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Maria dijo...

Gracias por tu visita SILVIA, me alegra que el post te pareciera interesante. Un beso

jajajajajaja reverendo FARENAS. Yo voy a tu blog a buscar risillas, sobre todo cuando las neuronillas se me ponen marroncillas por no decir más negras que la pez, pero lo que no se me había ocurrido es que me traerías tu las sonrisas a domicilio. Esto sin duda se merece un toque especial a tu cepillo. Bendiciones etílicas para ti y tu parroquia.

ALYCIE completamente de acuerdo con tu comentario. Si no deriváramos un beneficio propio tampoco haríamos esfuerzos por cambiar algo ¿será por eso que siempre esperamos que cambie el otro? je je je. ¡Salud!

Marina Fligueira dijo...

Hola María: siempre excelente lo que escribes analizando esta vez ciertas actitudes. Yo soy de la opinión de que no se puede intentar cambiar a nadie así por las buenas. Cada persona tiene su propia personalidad y se debe aceptar como es. Sin embargo si... hay hábitos, como fumar entre otros- que uno mismo pude cambiar, pero sin que nadie te esté machacando porque luego es cuando se hace lo contrario. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para los cambios. Un besito y se feliz

ipecan dijo...

Cada ser humano es único y tiene sus peculiaridades, que salvo en cuestiones de educación y comportamiento social, deben ser respetadas.
No tiene sentido intentar cambiar a alguien porque es uno mismo el que debe analizar si su comportamiento es incorrecto. Y si cree que lo es, dependerá de su propia voluntad cambiarlo o mantenerlo.

saludos.

bebi dijo...

Muy buen post!