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04 enero 2011

¿prefieres tener la razón o ser feliz?

"El problema es tuyo", dice Arthur Jeon, autor del libro City Dharma.

Y es posible que esto sea un poco excesivo para ti, añade, porque hay que comprender esta verdad: si eres tú quien esta enfadado por la forma como actúa otra persona, el problema lo tienes tú, no ella. Ella está bien, viviendo de la mejor manera (y tal vez la única) que sabe. En definitiva sólo está siendo quien es.

Comprender esto es a veces difícil. Pero nos retrotrae a otra de mis preguntas ¿prefieres tener la razón o ser feliz?

Las personas viven su vida a su manera, que es producto de su condicionamiento particular. Son tan indiferentes a tus deseos como el tiempo atmosférico. Por consiguiente, para tu propia tranquilidad de espíritu, deberías tratar sus actos tan impersonalmente como el tiempo. Esperarías que el tiempo actuara de una forma distinta a como lo hace? ¿Que dejara de llover cuando vas a salir, o de nevar en invierno? 

La mayor parte de las veces somos capaces de aceptar las cosas como son; no obstante,  perdemos de vista la perspectiva, sobre todo, cuando tenemos una relación de pareja. Queremos cambiar al otro. Nos forjamos una idea de la forma en la que debería actuar. Aprendimos a decir que el otro "hace" que yo me sienta" de tal o cual manera, en lugar de emplear la afirmación más precisa y honesta de que tal cosa o situación "me hace sentir" de este o de áquel modo.

No..., tú "haces" que tú mismo te enfades. Tú y nadie más es responsable de lo que sientes.

Si hay algo capaz de reducir la irritación, la ira y las dificultades que surgen en una relación, es no tener ideas preconcebidas sobre cómo debería actuar el otro. Él va a seguir siendo quien es.

Como ya he dicho en otras ocasiones: Siempre que intentas controlar a otra persona --qué siente, qué piensa, quién es-- estás construyendo una jaula para ella, pero sobre todo para ti". Arthur Jeon


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01 septiembre 2008

¡¡Cómo has podido olvidarlo!!

Desde que ví la entrevista de Eduard Punset con Daniel L. Schachter, Director del Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard he querido leer el libro Los siete pecados de la memoria, en el que este destacado investigador sobre el tema de los recuerdos describe los errores fundamentales que comete la mente y con los que nos tropezamos cada día.

¿Vicios o virtudes?

Ahora que lo he leído entiendo mejor que nunca lo inútil que resulta discutir por los olvidos o por las discrepancias entre lo que yo recuerdo y lo que recuerdan otros. Claro que aunque enfadarse ahora suponga para mí una "tontería emocional", el hecho de que "esa persona importante" se olvide de las fechas que yo considero cruciales seguirá siendo un motivo de frustración, aunque ya no tanto por el olvido en sí mismo sino por el hecho de que he aprendido que si no las recuerda es porque, irónicamente, desde el punto de vista de SU memoria, sencillamente ¡no es vital recordarlas!

En este vídeo Punset, además de entrevistar a Schachter eligió una forma bastante simpática de mostrar cómo la memoria se asemeja a un complicado laberinto.


Los siete pecados:
1.- El pecado del transcurso
2.- El pecado de distractibilidad
3.- El pecado de bloqueo
4.- El pecado de atribución errónea
5.- El pecado de sugestibilidad
6.- El pecado de propensión
7.- El pecado de persistencia



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